Agosto es el mes de las enfermedades. De ahí que la tradición mande a tomar un té de ruda el primer día para alargar un año más de vida. Pero este agosto es también el mes del autismo político. Se presentan dos elecciones de las que la ciudadanía se muestra ajena porque, en buena medida, la discusión de los políticos no la integra.

Basta con caminar los pasillos de la Casa de Gobierno, de la Legislatura, de las intendencias o de los Concejos Deliberantes para constatar que la provincia, literalmente, se encuentra acéfala. La campaña moviliza a oficialistas y opositores y los enfrasca en su mundo. Un mundo que, casualmente, no se rige por las mismas preocupaciones que signan la vida del común de los tucumanos.

Aunque asuste plantearlo de esa manera, no son muchos los ciudadanos que tienen en claro qué y cómo se votará los domingos 14 y 28. ¿Es culpa de ellos? En buena parte, depende de la responsabilidad cívica de cada uno. Pero no es menos cierto que el desencanto se traduce en indiferencia. Y, en consecuencia, en confusión.

Abanico electoral

En el país hay 24 distritos y rigen 25 sistemas electorales diferentes; aunque legal, algo absolutamente insensato. En algunos lugares hay boleta única; en otros voto electrónico; algunas provincias no aceptan la doble candidatura; otras, aún mantienen el esquema de sublemas; y para elegir candidatos a diputado y a Presidente habrá que votar dos veces: una para legitimarlos (en una semana); y otra, para consagrarlos (en octubre).

Pero Tucumán es el paraíso en el que florecen las enredaderas más tupidas. El acople echó raíces y germinó en cuanto pedazo de suelo había, sin distinción entre oficialistas y opositores. Pero si algo faltaba era buscarle una vuelta al sistema de listas colectoras, en el que candidatos parlamentarios apoyan a un mismo postulante para cargos ejecutivos. El caso del aspirante a intendente de Graneros, que por triplicado busca llegar al cargo, habla tan mal de él como de las fuerzas que aceptaron esa situación. Porque desnuda, básicamente, que la política actual no es tan seria como la pretenden pintar sus protagonistas. Porque realza la prostitución del sistema electoral y la realidad de las "listas de relleno" a la que recurren la mayoría de las agrupaciones políticas. Porque evidencia que muchos cargos se compran y se venden al mejor postor.

"Lo picó una avispa"

Esa es la discusión hoy de la mayoría de la clase política. Pelean por ver quién rompe el afiche de aquel o cómo mostrarse más cerca del gobernador o del líder partidario. Lo de los acoples y oficialistas en el alperovichismo ya roza lo cómico.

Hay tensiones e intrigas por el clásico robo de punteros y hasta por banalidades irrisorias. Por caso, la comidilla de la semana en la Casa de Gobierno fue la indignación e ira de un intendente del Gran San Miguel de Tucumán. El hombre, que busca su re-reelección, se sorprendió al verse en el voto con el mismo rostro de 2007, pese a que se sometió a cirugías faciales en el último tiempo para mejorar su imagen. "Mi cara hoy vale mucho más que en 2007", dicen que pataleó y amenazó ante la sorpresa, la ironía y las risotadas de varios referentes alperovichistas. Hasta pidió parar la imprenta. Pero no hubo caso.

La maquinaria electoral ya está en marcha, enfrascada en los intereses personales y partidarios. Mientras tanto, la sociedad arrancó el mes tomando el té de ruda. Por si las dudas.